la linea MEA CULPA nació como un lugar simbólico donde conviven la culpa y la absolución, el instinto y la fe.
Es una línea que explora la delgada frontera entre lo prohibido y lo sagrado, transformando la imaginería religiosa y moral en un lenguaje visual contemporáneo.
Dentro de MEA CULPA toman forma dos colecciones complementarias, opuestas pero profundamente conectadas.
MEA CULPA es el contenedor de estas dos almas:
el pecado que pide una voz y la bendición que responde.
No una elección entre el bien y el mal, sino su convivencia.
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7 PECADOS es un viaje a las sombras.
Los siete pecados capitales se vuelven protagonistas, no como condena sino como toma de conciencia: el orgullo, la avaricia, la lujuria, la envidia, la gula, la ira y la pereza se reinterpretan como símbolos universales de la naturaleza humana.
Una colección intensa y directa que celebra el lado más instintivo e imperfecto del ser humano, transformando el pecado en expresión e identidad.
En contraste –y en diálogo– ¡BENDÍCEME! .
Quince iconografías inspiradas en las Vírgenes más famosas de la historia dan vida a una colección que habla de protección, devoción y esperanza.
Figuras icónicas, reconocibles y llenas de significado, donde lo sagrado se convierte íntimo y personal.
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con ¡BENDÍCEME! Se celebra la unión que siempre nos ha unido. sacralidad y calle. Desde las culturas latinoamericanas hasta las europeas, desde el imaginario suburbano contado en el cine hasta el verdadero folklore que se respira en ciertos barrios italianos y extranjeros.
el figura mariana no es nada ajena al mundo de la calle; al contrario, muchas veces es su corazón palpitante. En la cultura callejera, especialmente la vinculada a las afueras del mundo, la Virgen representa la protección suprema, una figura materna en quien confiar cuando el contexto se pone difícil.
Esta conexión visceral fue explorada magistralmente en cine, donde directores como Baz Luhrmann utilizaron iconografía sagrada para dar un tono épico y trágico a las historias callejeras, rodeando a los protagonistas con luces de neón en forma de cruz y tatuajes marianos que gritan pertenencia y destino. Incluso el cine neorrealista o las películas más crudas de Matteo Garrone nos muestran cómo, entre los edificios de hormigón, un santuario votivo puede ser el único destello de color y esperanza.
Este diálogo continúa sin cesar en el mundo de musica, donde la imaginería religiosa se ha convertido en un pilar estético fundamental. Desde las provocaciones legendarias de Madonna, que fusionaba lo sagrado y el deseo bajo las luces del pop, hasta la estética taladradora y hip-hop contemporánea, la referencia a la Madre de Dios es constante. Muchos artistas optan por llevar pesadas cadenas con la efigie de la Virgen o citarla en sus letras no por religiosidad convencional, sino como símbolo de una resiliencia que viene desde abajo.
Es un ícono que habla de sacrificio y amor incondicional, conceptos que resuenan profundamente en quienes viven allí. realidad urbana con intensidad.
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¡Bendíceme! quiere rendir homenaje a esta estratificación cultural.
Cada pieza de la colección reelabora una versión histórica de la Virgen, como la famosa Virgen de Montserrat o el poderoso simbolismo de la Virgen de Guadalupe.
Llevar estas imágenes a la indumentaria contemporánea significa reconocer que lo sagrado no es sólo lo que está arriba, sino que es algo que respiramos todos los días entre graffitis y aceras. Es una invitación a lucir una historia que atraviesa los siglos, transformando una prenda de vestir en un símbolo de identidad y protección urbana.
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